Perfil Académico
Soy candidato doctoral en Metodología de las Ciencias en la Universidad Católica Juan Pablo II de Lublin (KUL), Polonia, bajo la dirección de la Profesora Agnieszka Lekka-Kowalik, Catedrática del Departamento de Metodología de las Ciencias. Mi investigación recupera la tradición metodológica de la Escuela Filosófica de Lublin y la aplica a preguntas en las ciencias de políticas públicas, las instituciones asesoras de ciencia, y los fundamentos filosóficos de la política científica que los marcos contemporáneos no han podido resolver desde sus propios términos.
Mi formación académica incluye estudios teológicos de posgrado en la tradición intelectual católica clásica, una Maestría en Administración Pública, y casi treinta y cinco años de experiencia como economista en la Oficina de Estadísticas Laborales de los Estados Unidos. Estas tres formaciones, filosofía clásica y teología, administración pública, y la recopilación de datos estadísticos federales, no son carreras separadas sino un único proyecto intelectual. Los fundamentos filosóficos que las disciplinas modernas han dejado de lado permanecen silenciosamente operativos en la toma de decisiones institucionales, los procesos de asesoría científica, y las políticas públicas. Mi trabajo nombra y examina esos fundamentos.
Herencia colombiana y vocación filosófica
Soy estadounidense de primera generación, hijo de padres colombianos. Mi padre era paisa y mi madre era de Barranquilla. Mis padres emigraron a los Estados Unidos a mediados de los años sesenta, y crecí en Elmhurst y Jackson Heights, Queens, Nueva York, rodeado de vecinos, amigos, negocios, festivales, música y español colombiano. El apellido Peláez es un apellido paisa de raíces antioqueñas, y lo llevo con orgullo como herencia de mi familia.
En casa, mi padre tocaba la guitarra y el tiple, cantaba bambucos, y llenaba nuestro hogar con la música andina colombiana de los años cuarenta y cincuenta, compositores e intérpretes como el Dueto de Antaño y Garzón y Collazos. Esa música no era entretenimiento sino transmisión cultural: una manera de ser paisa en tierra extranjera, de conservar vivo lo que la distancia geográfica amenazaba con interrumpir.
La comunidad colombiana de Queens funcionó para mí como lo que he llegado a llamar una cápsula del tiempo cultural. Mientras Colombia continuaba evolucionando política, social y culturalmente en sus ciudades, nuestra comunidad preservaba muchas de las costumbres, valores, música e identidades regionales que existían cuando las familias emigraron. Háganse de cuenta que heredé la Colombia de esos tiempos. Mis amigos y yo participábamos en desfiles colombianos en la Avenida Roosevelt, a veces vestidos de arrieros, celebrando una Colombia anterior a las transformaciones que el mundo exterior asociaría más tarde con ese nombre. Mi español, especialmente mi registro paisa, refleja ese origen: es un sociolecto paisa de mediados del siglo veinte, aprendido de inmigrantes de primera generación, más conservador que el español urbano contemporáneo de Medellín.
En ese sentido, me reconozco en una frase que llevo conmigo: soy hijo del bambuco con un espíritu de arriero. La figura del arriero paisa, como encarnación cultural de la prudencia práctica aristotélica, ha informado profundamente mi comprensión de la sabiduría práctica como una realidad vivida y no meramente académica. El arriero no delibera en el aula sino en el camino: conoce el terreno, distribuye la carga, protege a sus mulas, y llega a su destino. Es, en términos aristotélicos, un hombre de phronesis, de juicio práctico ordenado al bien de quienes dependen de él. Esta sabiduría no me llegó a través de textos académicos sino a través de una comunidad que la transmitió en forma viva, a través de la música, los festivales, sus comidas y costumbres, y la manera de ser paisa en Queens, Nueva York.
Esta herencia me orienta naturalmente hacia el diálogo con académicos colombianos cuya investigación converge con la mía en filosofía, humanidades, ciencias de políticas públicas, e historia intelectual de Colombia. Me interesa particularmente la presencia de la prudencia práctica en la literatura antioqueña y en la tradición filosófica colombiana más amplia, como punto de encuentro entre la filosofía clásica y la experiencia cultural colombiana.
Líneas de investigación
Los fundamentos filosóficos de las ciencias de políticas públicas, desde la síntesis de Harold Lasswell hasta las instituciones asesoras de ciencia contemporáneas.
La crítica de la teoría de co-producción de Sheila Jasanoff desde la perspectiva del realismo clásico y la metodología de las ciencias de la Escuela de Lublin.
La genealogía intelectual que conecta la Escuela de Lvov-Varsovia con la Escuela Filosófica de Lublin, con atención particular a la demostración de Maria Kokoszyńska en 1935 de que la exclusión de la metafísica por parte del Círculo de Viena era estipulativa y no lógicamente necesaria.
La alternativa clásica a la transdisciplinariedad contemporánea, a través de la distinción entre objetos formales anidados y la jerarquía arquitectónica del conocimiento.
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